El relleno:
Bastante bien, cubitos de medio centímetro (con precisión milimétrica) de jamón cocido, queso derretido hasta lo líquido, pero de sabor bastante bien eh! zafan.

La masa:
Sorpresa, no tanto para mí, hojaldrada, suavecita, bien de Molino Cañuelas.
El repulgue:
¿Repulgue? ¿cuál repulgue? A estas empanadas no las tocó mano humana alguna hasta que yo las agarré. El cierre (vamo a decirle) lo hizo un robot cañuelense seguramente.

Cocción:
Probablemente un horno Rational o algo parecido alemán, eléctrico y con convección. Menos onda que el pelo de Pocahontas.
Conclusión:
Molinos Cañuelas me cae mal, incluso su harina me hace doler las tripas al día siguiente, incluidos los panes de ellos que venden en los supermercados chinos. Nos traicionaron como estudio de arquitectura y te traicionan a vos por la ecuación costo/beneficio. Lo mejor: el piso del local y la Stella Artois que me clavé.

Puntaje:
Va un 5 repulgues porque se pueden comer y zafan por eso, te pueden sacar de un apuro si no hay nada mejor cerca, como me pasó a mí. Por lo que son, y por lo que suponía que debían ser, porque una empresa como Molino Cañuelas pudo hacer el mismo producto a mitad de precio y son carísimas. Hay que pagarlas por buenas.
Precio:
50 pé al día de hoy, casi un dólar.
Dirección: Charcas 3999 CABA. No vayas.
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